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Excursion a Ordesa y Monte Perdido 30 julio a 2 agosto 2020

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Excursion a Ordesa y Monte Perdido 30 julio a 2 agosto 2020

Finalizamos la serie de excursiones de verano con minigrupos en el Pirineo aragonés. Concretamente en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y su entorno. Cuatro días repletos de observaciones interesantes y sobre todo, en medio de un ambiente de grupo estupendo. En esta ocasión nos alojaríamos en el Hotel Cincá de Escalona. Un pequeño y familiar establecimiento que puso todo su empeño en mantener las medidas anti-Covid en todo momento. Aunque pasamos calor la primera noche por no disponder de aire acondicionado, el resto del tiempo que pasamos en él fue estupendo y el personal siempre estuvo atentísimo con las necesidades del grupo.  

Comenzamos nuestra excursión con la llegada al refugio de Bujaruelo donde nos esperaba ya la mayor parte del grupo. Después de comer unos bocadillos y hamburguesas iniciamos la ruta hacia el valle de Otal. Un total de 13 kilómetros de ida y vuelta por el mismo camino. Como no podía ser de otra manera a últimos de julio la subida fue dura por el calor que teníamos en ese momento. Aprovechábamos cualquier sombra para parar y beber un trago de agua mientras hacían acto de presencia herrerillos capuchinos, carboneros garrapinos, mitos... aunque sin duda la estrella de esta primera parte fue un macho de camachuelo común que dejó verse durante unos segundo al borde de un prado. Al llegar al collado de Otal nos recibieron varios grupos de chovas piquigualdas con alguna piquirroja infiltrada. Según caminábamos por el llano collado hacia la cabaña de Otal las llamadas de alarma de las marmotas se hacían cada vez más frecuentes. Vimos de hecho varios ejemplares de estos simpáticos animales. Aquí su principal enemigo es el águila real, precisamente un ejemplar adulto sobrevoló las praderas para perderse entre las montañas a gran altura. 

Al llegar a la cabaña decidimos no continuar hasta la cascada ya que el tiempo pasaba rápidamente y nuestra idea era llegar al hotel con tiempo para pegarnos una ducha y cenar con calma después de un día intenso de viaje y calor. En el regreso apuntamos en la lista nuevas especies como alcaudón dorsirrojo, alimoche común y escribano cerillo. Antes de llegar a los coches, aparcados junto al refugio, divisamos la veloz silueta del mirlo acuático

Finalmente, como habíamos previsto, llegamos al hotel con el tiempo justo para hacer el reparto de habitaciones y disponer de un pequeño descanso antes de la hora de la cena, durante la cual explicaríamos el plan del día siguiente.

Valle de Otal

Águila real

Alimoche común

Río Otal

El segundo día de excursión iba a haber transcurrido íntegramente en el interior del Parque Nacional, puesto que teníamos intención de realizar la ruta a la Cola de Caballo realizando la ida por la senda de Cazadores y la Faja de Pelay. Sin embargo, a tenor de la gran concentración de turistas observados durante la primera jornada y que sinceramente no esperábamos, decidimos cambiar drásticamente nuestros planes. El resultado fue espectacular y en ningún momento nos arrentimos de ello. Con la idea puesta en evitar multitudes contratamos los servicios privados de dos taxi 4x4 que nos llevarían a cotas alpinas, en torno a los 2.600 metros de altitud en la conocida Sierra de Liena, remontando el valle de Chisagüés. En las casi 9 horas que estuvimos deambulando por un paisaje de montaña espectacular, tan sólo nos encontramos con dos personas. Un panorama bien diferente a lo que nos hubiéramos encontrado en el valle de Ordesa. Subiendo tan arriba quizás tendríamos más oportunidades de observar aves tan esquivas como el gorrión alpino, el treparriscos o el acentor alpino. Sin embargo, de los tres tan sólo pudimos disfrutar de éste último. El treparriscos se nos escapó entre los dedos después de una fugaz observación en una brecha que parecía hecha a medida para él. No volvió a hacer acto de presencia a pesar de estar esperando más de media hora. Sí vimos sin embargo varias collalbas grises, águila calzada, alimoches, un par de quebrantahuesos bastante lejos y por supuesto, chovas piquigualdas. Casi nos sorprendió más no poder localizar gorrión alpino, ya que las cotas y el ecosistema eran ideales para la especie. 

Si el día no fue el mejor en lo ornitológico, los increíbles paisajes a esa altitud y la soledad en la montaña, reemplazaron la ausencia de otras observaciones dignas de mención. Tuvimos tiempo además de contemplar paisajes ligados a la historia del montañismo local como el valle de Barrosa, las clavijas del camino de Las Pardas o el macizo de Monte Perdido con su cada vez más menguado glaciar... Iniciábamos nuestro descenso para reencontrarnos con nuestros conductores en el paraje conocido como Pietramula. Desde allí el siguiente destino sería el hotel Cincá. Esta vez tuvimos algo más de tiempo antes de la cena y dimos buena cuenta de un par de cervezas frías. ¡Bien merecidas desde luego!

Vista del Monte Perdido con su glaciar desde la Sierra de Liena

Vista desde el mirador de la Mota, con el valle de Barrosa abajo

Punta Ruego

Collalba gris

Acentor alpino

Brecha donde apareció fugazmente el treparriscos

Águila calzada

Rana bermeja

El Comodoto desde Pietramula

Pietramula

El tercer día lo bautizamos casi de inmediato como el "día de los quebrantas". Bien es cierto que esperábamos observar varios ejemplares en los diferentes lugares que teníamos planeado visitar, pero no pensábamos que fueran a ser tantos y tan bien vistos. Comenzamos en la garganta de Escuaín realizando la ruta de los miradores de Revilla a primera hora de la mañana. Sabíamos que esa no es la mejor hora para ver rapaces pero sí para evitar una posible multitud de turistas acercándose al lugar, como así fue. Según avanzaba la mañana fuimos observando varios ejemplares de quebrantas intercalados con registros de águila calzada, gavián, alcotán... por supuesto también de buitres leonados. Uno de los aspectos más interesantes de este lugar no es sólo la concentración de individuos, sino la posibilidad que ofrece para estudiar sus diferentes plumajes. Así pues, pudimos observar casi todas las edades con sus respectivos patrones, mientras se acercaba al mirador un público cada vez más numeroso... y para nuestra sorpresa, también más interesado en las aves. 

Garganta de Escuaín

Buitre leonado

Adulto de quebrantahuesos visto desde uno de los miradores de Revilla

El mismo ejemplar de quebrantahuesos observado algo más cerca...

Joven quebrantahuesos de segundo año

El "segundo asalto" del día lo libraríamos cerca de Ainsa, concretamente en el comedero que la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos (FCQ) mantiene desde hace años. Hacía ya mucho tiempo que no colaborábamos con la fundación, por lo que pensamos que podría merecer la pena que alguno de sus trabajadores nos explicase la tarea de la misma y la importancia que tiene para la especie el mantenimiento de estos muladares. Justo antes de llegar al comedero nos sobrevoló el primer quebrantahuesos que luego veríamos nuevamente. No siempre aparecen cuando se realizan los aportes de huesos y carne, pero en esta ocasión tuvimos la fortuna de observar muy bien dos ejemplares adultos durante largo rato.

Junto a ellos también vimos varios cuervos, tres o cuatro indivíduos diferentes de alimoche (incluido algún joven) y sorprendentemente dos individuos de buitre negro, procedentes parece ser del proyecto de introducción de la especie en el sur de Francia. También hicieron acto de presencia los milanos negro y real y hasta un águila calzada se acercó a curiosear. También espectacular fue ver como docenas de buitres leonados se avalanzaban hacia el muladar como si fueran escuadrones perfectamente organizados.

Buitres leonados dejándose caer hacia el muladar en Ainsa

Buitres leonados en el comedero de la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos

Ejamplar adulto de quebrantahuesos observado desde el comedero

Buitre negro. Uno de los dos ejemplares que vimos merodear el comedero de la FCQ

Alimoche común (arriba) y buitre negro

Milano real

Personal de la FCQ explicándonos la importancia de los comederos para los quebrantahuesos locales

Después del espectáculo proporcionado por buitres y quebrantas escapamos nuevamente del calor comiendo en un restaurante cercano. Aire acondicionado y un menú económico, ¡qué más se podía pedir en esos momentos! 

Con nuestras pretensiones de observar al "rey de las montañas pirenaicas" cumplidas, decidimos acercarnos al valle de Chistau para pasar el resto de la tarde. Justo antes de llegar al embalse de Plandescún hicimos una parada para contemplar el cañón. De repente vimos como una silueta familiar, de alas largas y estrechas, se acercaba hacia nosotros sobrevolando la copa de los árboles... en realidad no era una, sino tres la siluetas que rápidamente identificamos como nuevos quebrantahuesos. Posiblemente los miembros de un trío familiar. Tres aves adultas y maravillosas. En seguida nos percatamos de que una de las aves portaba etiquetas de PVC en ambas alas. La lectura de su código, gracias a la ayuda de Oscar Diez de la FCQ, nos informaba de que se trataba de Paola, una hembra de quebrantahuesos anillada hacía 10 años en Escuaín. 

Quebrantahuesos observados en el valle de Chistau

En realidad fueron tres los quebrantas que vimos aquella tarde

Quebrantas estableciendo su jerarquía en pleno vuelo

El quebrantahuesos marcado, de nombre Paola

Otra toma de Paola con un hueso en las garras

Paola mostrando su anilla de color amarillo en la pata izquierda

Ese tercer día lo concluímos con una visita al pueblo abandonado de Muro de Bellos, situado justo frente a nuestro hotel en Escalona. Allí añadimos nuevas especies como ruiseñor común (posiblemente algún migrante), totovía, escribano soteño y curruca cabecinegra. Parece ser que algunos propietarios están invirtiendo en rehabilitar sus casas, aunque el problema que lo hizo despoblar en su día debido a la falta de agua corriente y luz eléctrica aún perdura en la actualidad. En cualquier caso nos pareció un lugar con mucho encanto y con multitud de historias encerradas entre sus muros y desvencijadas viviendas. 

Muro de Bellos

Peña Montañesa desde Muro de Bellos

Peña Montañesa al fondo

Llegamos al último día de nuestra excursión a este rincón fabuloso del Pirineo aragonés con varias opciones apetecibles. Finalmente nos decantamos por visitar el Ibón de Plan. El hecho de tener que recorrer una pista de tierra durante varios kilómetros para llegar, pensábamos que podía ser obstáculo para persuadir a muchos veraneantes. Puede que así fuera, pero lo que no cabe duda es que al final nos vimos rodeamos de muchísimos paseantes, montañeros y algunos curiosos. Este año no había llovido mucho durante el verano, por lo que la cuenca del ibón estaba reducida como pocas veces la habíamos visto con anterioridad. Aquí los objetivos eran el mirlo capiblanco (difícil para la época del año en que estábamos) y el verderón serrano, que vimos bien no sin antes "trepar" (casi literal) hacia zonas menos transitadas. 

También quemamos las naves en nuestro último intento por observar treparriscos, que finalmente nos eludió una vez más. Lo que sí vimos muy bien fue una impresionante águila real delatada por una algarabía de chovas piquigualdas. Más arriba, a bastante altura, un nuevo quebrantahuesos sobrevolaba las cumbres. Sería el último que veríamos en la excursión antes de iniciar nuestro regreso a casa, después de comer, por supuesto, nuestros picnic a la sombra de un abeto.

Ibón de Plan

Coenagrion hastulatum, localismo exclusivamente pirenaico dentro de un contexto ibérico

Verderones serranos

Valle del Ibón de Plan

Ejemplar subadulto de quebrantahuesos

Todas las fotos y vídeo mostrados en este reportaje son copyright de Santi Villa © Spainbirds Nature Tours