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Rarezas en las costas de Asturias y Galicia

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Rarezas en las costas de Asturias y Galicia

Los días 14, 15 y 16 de enero organizamos nuestra ya anual excursión para tratar de observar aves raras en las costas asturianas y gallegas. Es la única salida organizada que podemos considerarla un clásico en nuestros programas de los últimos años.

Comenzamos el primer día alterando un poco nuestros planes dado que se había estado observando muy cerca de Ávila un mosquitero de Hume, especie poco habitual en el interior peninsular. No tardamos en localizarlo ya que emitía continuamente su característico reclamo bisilábico. Aunque nos hubiera gustado haberlo visto más cerca todo el mundo tuvo una observación más que aceptable.

Mosquitero de Hume

La siguiente parada pajarera sería ya en tierras asturianas para ver el macho de cerceta de la Carolina que se estaba observando esos días en el embalse de San Andrés. Gracias a las indicaciones que Jorge Valella nos había dado el día anterior pudimos dar con él con facilidad. Habíamos cumplido los dos principales objetivos del día por lo que nos dispusimos a trasladarnos a Cabo Peñas para ver si aparecía alguno de los escribanos nivales y lapones que se habían citado días atrás. Una breve parada en Bañugues nos ofreción la oportunidad de ver una gaviota cana adulta. No tuvimos suerte con ninguno de ellos pero sí observamos muy bien por los telescopios dos bisbitas de Richard. Un invernante habitual, pero muy escaso, de los tojales de Peñas. Antes de concluir el día también tuvimos la suerte de ver como entraba a su dormidero una hembra de aguilucho papialbo. De momento no citaremos el lugar ni la persona que nos lo comunicó. Hechos los deberes del primer día nos trasladamos a nuestro hotel en la localidad lucense de Burela.

Cerceta de la Carolina 

Aguilucho papialbo

El sábado amaneció algo ventoso y nublado. Muy poca actividad tanto en el puerto de Burela como en las playas de San Ciprián, donde destacamos la presencia de una gaviota argéntea adulta y dos simpáticos correlimos oscuros entre un bando de vuelvepiedras. Una breve incursión en Morás y la piscifactoría cercana con la esperanza de poder ser los primeros en observar este año a Cipriana, la única gaviota de Thayer que se ve con regularidad cada invierno en toda Europa, pronto se tornó en desilusión. De hecho apenas había gaviotas en un lugar donde se suelen ver a cientos. Lo más destacado aquí fue un par de colimbos grandes pescando observados en la lejanía.

Correlimos oscuro

El tiempo pasaba rápido y aún había mucho trabajo que hacer. Decidimos hacer dos paradas antes de tratar de localizar al alcaudón pardo de Cerceda. La primera sería en Cedeira para ver el ya residente macho de eider común observado en anteriores ediciones de esta excursión, y dos gaviotas de Delaware que pululaban por la ría. Vimos ambas especies pero sólo pudimos detectar una de las dos gaviotas.

Gaviota de Delaware en Cedeira

La segunda parada sería en las playas de Valdoviño donde no tuvimos suerte con los escribanos nivales. Para entonces el viento tornó ya en bastante desagradable y la temperatura comenzó a caer empicado con una evidente amenaza de lluvia.

A contrarreloj llegamos al lugar del alcaudón pardo. A pesar de una espera de casi hora y media no logramos verlo. El mal tiempo condicionó nuestra suerte y tuvimos que comenzar nuestro viaje hacia Finisterre, donde estaba ubicado nuestro hotel.

Para el último día sabíamos que la previsión meteorológica no era buena. Amanecimos envueltos entre chubascos y fuertes vientos. Aún así decidimos probar suerte con el bisbita norteamericano de Langosteira. Con unos vientos de 70-80 km/h y con una lluvia fina que hacían complicada nuestra empresa, salimos del vehículo para comprobar en poco tiempo que lo único que nos íbamos a llevar de allí era un buen puñado de arena en los bolsillos. Con prismáticos y cámaras rebozados de una mezcla pegajosa de salitre, lluvia y arena decidimos tras media hora de infructuosa búsqueda que aquel diminuto pajarillo venido del continente americano no iba a aparecer. El resto del día fue un intento fallido de eludir el mal tiempo, Lires, Nemiña y Fervenza no aportaron mucho más a excepción de un grupo de zorzales reales bañándose en unos prados mientras se esforzaban por mantenerse en pie azotados una y otra vez por fuertes rachas del viento.

Observando zorzales reales en Fervenza

El norte en invierno tiene sus riesgos, nosotros aprovechamos muy bien la jornada y media en la que disfrutamos de sol y temperaturas agradables. Desgraciadamente no tuvimos muchas opciones de finiquitar nuestra lista con los dos grandes objetivos del viaje, el alcaudón parto y el bisbita norteamericano. Del bisbita nunca más se supo después de aquellos días de viento, pero el alcaudón volvió a aparecer cuando amainó el temporal.

Inasequibles al desaliento acabamos nuestra excursión observando avutardas, avefrías y tres preciosos búhos campestres en Villafáfila. El que no se consuela es porque no quiere ;-)

Avutarda en vuelo en la llanura de Villafáfila